La regulación de criaderos quedó en el centro de una fuerte discusión después de que la diputada Karen Reichardt defendió su proyecto en LAM. La legisladora de La Libertad Avanza explicó la iniciativa en el programa de Ángel de Brito, por América TV. Sin embargo, Matilda Blanco cuestionó el texto y afirmó que podía favorecer intereses comerciales. El cruce subió de tono y terminó cuando Reichardt abandonó el estudio. Luego, la diputada anticipó que llevaría la discusión a la Justicia. También dijo que seguiría reuniéndose con refugios y criaderos. El proyecto ingresó a Diputados el 16 de julio, con su única firma. Además, todavía no inició su tratamiento. La propuesta buscó fijar reglas para refugios, hogares de tránsito, pensiones y espacios dedicados a la cría o venta de animales de compañía.
En concreto, la regulación de criaderos creó el Registro Nacional de Establecimientos para Animales de Compañía. El registro obligó a inscribirse a las personas y organizaciones que desarrollaran esas actividades para obtener una habilitación. A su vez, el texto fijó condiciones sobre edificios, capacidad, atención veterinaria y trazabilidad. También prohibió el funcionamiento de instituciones que quedaran afuera del registro. Para los criaderos, estableció pautas de reproducción responsable. Por ejemplo, vetó la reproducción excesiva de hembras, el uso de animales con enfermedades hereditarias y la separación temprana de las crías. Asimismo, exigió identificación individual y certificación sanitaria para cada animal vendido. En refugios y hogares de tránsito, pidió protocolos sanitarios, adopción responsable y esterilización antes de cada entrega. Además, prohibió la eutanasia por falta de espacio o como control poblacional, salvo ante enfermedades terminales o sufrimientos irreversibles.
Por otro lado, la regulación de criaderos despertó críticas porque reunió bajo una misma norma a espacios con objetivos diferentes. Blanco señaló que los refugios funcionaron con donaciones y sin fines de lucro. En cambio, los criaderos obtuvieron ingresos mediante la venta de animales. Esa comparación encendió el debate en televisión y luego siguió en redes. Reichardt respondió que la falta de reglas empujó actividades hacia la informalidad y dejó a los animales con menos protección. También afirmó que buscó una normativa clara, transparente y responsable. Según los fundamentos, la dispersión legal y el crecimiento de criaderos, alojamientos y organizaciones de rescate exigieron criterios comunes. Así, la iniciativa apuntó a prevenir el maltrato, la reproducción indiscriminada y los problemas sanitarios. De todos modos, el Congreso todavía no debatió el texto y el proyecto siguió abierto a cambios. La pregunta quedó planteada: ¿regular mejoró el cuidado animal o puso en igualdad a modelos con lógicas opuestas?

























